Viena, 29. XII. 97
“Caro Wilhelm:
De regreso y nuevamente uncido, con el precioso regusto de nuestras jornadas de Breslau. Bi-B¹ resuena en mis oídos; pero todavía estoy demasiado bien como para trabajar en serio. El artículo para Paschkis ya está terminado en su primer tercio, un ensayo de Gartenlaube*, nada más.²
Por lo demás, sigo chapoteando valientemente en la Δρεκκοιο-gie.³ Enseguida, en las primeras jornadas, me fue deparada una pequeña interpretación. El señor E., a quien conoces, tuvo un ataque de angustia a los diez años cuando se empeñaba en cazar un escarabajo negro, el que se resistía. La interpretación de este ataque había permanecido oscura hasta ahora. Hoy se demora en el capítulo “irresolución”, repite una charla de la abuela con la tía sobre el casamiento de la mamá, por entonces ya fallecida, de la que se averiguaba que había vacilado largo tiempo en la decisión, de repente cae sobre el famoso escarabajo negro, que no mencionaba desde hacía meses, de él pasa a la mariquita (su madre se llamaba María), ríe sonoramente y explica deficientemente esta risa con la observación de que los zoólogos llaman a estos coleópteros septempuctata, etc., según el número de las puntas, cuando en verdad se trata siempre del mismo animal. Interrumpimos en ese momento y antes de la sesión siguiente me cuenta que se le ha ocurrido la interpretación del coleóptero {Käfer}. A saber: Que faire? = irresolución. ¡Chifladuras!
Que entre nosotros se puede llamar a una moza un lindo «escarabajo», acaso lo sepas. Su niñera y primera amada fue una francesa; hasta aprendió a hablar primero en francés que en alemán. Recordarás nuestra conversación sobre el empleo de las palabras «meter», «escusado», etc.
Mi segunda y última conferencia sobre el sueño ha trascurrido entre un júbilo entusiasta de los judíos. Después, un entusiasmado oyente me preguntó si también son interpretables de ese modo los sueños que carecen enteramente de sentido. He ahí el valor de las conferencias populares. Un médico y colega no habría podido hacer una pregunta más tonta.
«No me figuro capaz de enseñar nada
que a los hombres mejore y convierta».⁴
Ahora querría material muy abundante para la demostración intransigentemente rigurosa de la zurdera. Aguja e hilo, los tengo ya.⁵ Por lo demás, la cuestión que se relaciona con ello es la primera desde hace mucho tiempo en que las vislumbres e inclinaciones de los dos no van por el mismo camino.⁶
No he tenido todavía tiempo de cruzar una palabra con mi femenino.
Mi nariz está muy bien y comunica su agradecimiento.
¡Ahora feliz año nuevo y muchos encuentros en 1898!
Tu Sigm.
¹ O sea, bisexualidad-bilateralidad. Fliess había comunicado a Freud en Breslau, sus más recientes hipótesis sobre el nexo de la bisexualidad con la “estructura bilateralmente simétrica” del cuerpo humano (cf. la carta 286). El punto de partida de su teoría, que él publicó después de su libro Der Ablauf des Leones (1906a), era el hecho de que de las dos mitades del cuerpo “una – por lo común la derecha – es la más acentuada” (pág. 438). Desde aquí elaboró la tesis de que “en varones zurdos, los caracteres sexuales femeninos secundarios [en sus aspectos tanto físicos como psíquicos], y en mujeres zurdas, los caracteres sexuales femeninos secundarios son más acusados que en varones o mujeres plenamente diestros”, y de que, a la inversa, “varones femeninos y mujeres masculinas, tienen preferencia total o parcial por la mano izquierda; dicho en general, son “zurdos”. El lado derecho, en una palabra, “corresponde en su carácter prevalente al sexo” (pág. 439 y sig., 446). (S)
*{Título de un seminario ilustrado dedicado a la literatura de entretenimiento}
² ”La sexualidad en la etiología de las neurosis” (Freud 1898a), publicado en Wienwe klinischen Rundschau. El ensayo procura, con propósito vulgarizador, “dirigir el interés del médico práctico a las constelaciones por mí aseveradas” (M/S)
³ Construido sobre el alemán Dreck, excremento.
⁴ Goethe, Faust I, V. 372 y sig.
⁵ A saber, para un test de zurdera en sus pacientes (cf. Fliess 1906a, pág. 441).
⁶ Fliess toleró mal esta duda de Freud; cf. la carta que sigue. De hecho, el distanciamiento final entre los dos hombres tuvo su punto de partida en el encuentro de Breslau y la controversia en torno de la cuestión de la bilateralidad. De un escrito posterior (carta 286) se infiere que Fliess entendió las objeciones a su teoría de la bilateralidad como una contradicción a sus hipótesis sobre la bisexualidad. – En la posterior bibliografía sobre la zurdera, las hipótesis de Fliess no han tenido cabida; cf. p.ej. Blau (1946). (K)
